Crecer juntos I: claves para acompañar el desarrollo integral de 0 a 6 años.

Instructor: Irene Larrañaga - GARAIA

• Psicóloga y sexóloga.
• Especializada en gestión emocional, sexualidad y relaciones saludables, así como en el bienestar emocional a lo largo de las diferentes etapas de la vida.

Esta formación ofrece una mirada global y respetuosa sobre el desarrolloinfantil entre los 0 y 6 años, con especial atención a niños y niñas con discapacidad intelectual. A lo largo del curso se abordan las principales áreas del desarrollo —sensorial, físico-motor, cognitivo, comunicativo y socioafectivo— desde una perspectiva evolutiva, práctica y centrada en la persona.

La formación analiza los hitos del desarrollo temprano, los posibles signos de alarma y las características diferenciales que pueden aparecer
en niños y niñas con discapacidad intelectual. Se ofrecen herramientas concretas para favorecer la estimulación adecuada, la autonomía
progresiva, la comunicación funcional, la regulación emocional y la socialización.

Además, el curso incorpora un espacio fundamental de reflexión sobre el camino de aceptación familiar, abordando los desafíos emocionales y logísticos que pueden surgir tras el diagnóstico, y subrayando la importancia del apoyo psicológico, social y comunitario. “Crecer Juntos” pone en el centro la idea de que cada niño y cada familia tienen su propio ritmo y proceso, promoviendo una mirada comprensiva, respetuosa y basada en el acompañamiento seguro.

Contenido del curso

Duración: 2h

Contenido del Curso

Introducción
Contextualización
Desarrollo sensorial físico y motor 2 Temas
Contenido de la Lección
0% Completado 0/2 pasos
Desarrollo cognitivo: aspectos y herramientas
Lenguaje y comunicación: aspectos y herramientas
Desarrollo socioafectivo: aspectos y herramientas
Camino a la aceptación: desafíos y necesidades de apoyo
Conclusiones
Cuestionario – Creciendo juntos I

Recomendaciones

• Es recomendable avanzar por bloques temáticos, dedicando tiempo a observar cómo se manifiestan en la práctica diaria los aspectos tratados (juego, comunicación, autonomía, regulación emocional).
•Durante la visualización, puede resultar útil anotar ejemplos concretos del niño o niña al que se acompaña, identificando fortalezas, necesidades y posibles áreas de apoyo.
• El bloque sobre aceptación y vivencia emocional puede movilizar experiencias personales; se recomienda abordarlo con una actitud de autocuidado y, si es necesario, buscar espacios de apoyo profesional o grupal.

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Curso: Crecer juntos I: claves para acompañar el desarrollo integral de 0 a 6 años.

Preguntas frecuentes

  1. Mi hijo o hija todavía no habla y tiene 3 años. ¿Debo esperar o hacer algo ya?La ausencia de lenguaje verbal no siempre indica que no haya comunicación. Antes de que aparezcan las palabras existe toda una etapa de comunicación prelingüística —miradas con intención, gestos, balbuceos, señalar— que es igual de importante. Si esas señales están presentes, hay comunicación, aunque no haya palabras. Lo que sí es recomendable es no esperar sin más: cuanto antes se detecte una dificultad y se empiece a acompañar, más margen hay para favorecer el desarrollo. Consultar con un equipo especializado (logopedia, atención temprana) no significa que haya un problema grave; significa que se quiere dar a la persona el mayor apoyo posible desde el principio.
  2. ¿Cuándo debo preocuparme por las señales de alarma en el desarrollo? ¿Y si me equivoco?El módulo es claro en este punto: ninguna señal de alarma por sí sola permite llegar a una conclusión. Que un bebé de 6 meses no sonría socialmente, o que a los 18 meses no señale, son aspectos que merece la pena observar y comentar con un profesional, pero no son un diagnóstico. La actitud más útil no es la de alarmarse ni la de ignorar, sino la de prestar atención y buscar una valoración especializada cuando algo llama la atención de forma persistente. Equivocarse hacia el lado de consultar antes de tiempo no tiene coste; dejar pasar tiempo que podría haberse aprovechado sí puede tenerlo.
  3. Mi hija se balancea, se muerde la mano o hace movimientos repetitivos. ¿Tengo que pararlo?No necesariamente. Estos movimientos, llamados estereotipias, suelen cumplir una función de autorregulación: ayudan a la persona a calmarse, a gestionar la estimulación del entorno o a manejar emociones intensas. El balanceo, por ejemplo, es un movimiento que las personas adultas usamos de forma natural para calmar a los bebés. Que persista más tiempo en algunas personas con discapacidad intelectual no lo convierte automáticamente en un problema. La pregunta relevante es si genera algún daño. Si no lo hace, lo más recomendable es observar en qué momentos aparece y entender qué función está cumpliendo, en lugar de interrumpirlo de forma sistemática.
  4. ¿Cuánto debo ayudar a mi hijo o hija en las actividades del día a día? ¿Le hago daño si hago demasiado por él o ella?Este es uno de los equilibrios más difíciles de encontrar. Hacer demasiado puede reducir las oportunidades de desarrollar autonomía; dejar demasiado puede generar frustración si la tarea está muy por encima de las capacidades actuales de la persona. El módulo propone buscar ese punto medio: actividades que supongan un pequeño esfuerzo alcanzable, donde la persona pueda experimentar la sensación de logro. Dividir las tareas en pasos pequeños, usar apoyos visuales como pictogramas o agendas, y modelar antes de pedir que se haga de forma autónoma son estrategias concretas para acompañar sin sustituir.
  5. Siento culpa, tristeza o agotamiento desde el diagnóstico. ¿Es normal? ¿Significa que no estoy siendo una buena madre o un buen padre?Es completamente normal y no dice nada negativo sobre cómo se está ejerciendo la maternidad o paternidad. El módulo lo explica con claridad: recibir un diagnóstico implica un proceso de duelo, es decir, un ajuste a una realidad diferente a la que se esperaba. Ese proceso puede traer emociones contradictorias —tristeza, enfado, culpa, miedo— que coexisten con el amor y el cuidado hacia la persona. Estas emociones no son un signo de debilidad ni de rechazo; son una respuesta natural ante un cambio importante. Lo que sí importa es darles espacio, no cargar con ellas en silencio, y buscar apoyo —ya sea en el entorno cercano o en acompañamiento profesional— cuando la intensidad o la duración de esas emociones dificultan el día a día.
  6. ¿Los pictogramas y los sistemas de comunicación alternativos no van a impedir que mi hijo o hija aprenda a hablar?Esta es una de las preocupaciones más frecuentes y el módulo la aborda de forma directa: los sistemas aumentativos y alternativos de comunicación no bloquean el desarrollo del lenguaje verbal; al contrario, pueden facilitarlo. Cuando una persona tiene una herramienta para comunicar lo que necesita, la frustración disminuye y la motivación para interactuar aumenta. Estos apoyos no sustituyen el lenguaje oral si este puede desarrollarse; lo acompañan. Además, ayudan a que la persona comprenda mejor el entorno —órdenes, rutinas, normas— lo que también contribuye al desarrollo global.